jueves, 11 de noviembre de 2010

La Importancia de LAS EMOCIONES para todo:Guglielmo Fiorillo

1. Estableciendo el perímetro del análisis
En su imprescindible y ágil libro “La estructura de las revoluciones científicas” T. S. Kuhn, nos recuerda que la “La adaptación de un nuevo paradigma requiere a menudo la redefinición de la ciencia correspondiente. Algunos problemas antiguos pueden ser relegados a otra ciencia o declarados “no científicos” por completo. Otros que previamente eran inexistentes o triviales pueden, con un nuevo paradigma, convertirse en los arquetipos reales de significativos logros científicos.” Intentamos entonces establecer un perímetro mínimo de análisis que nos permita y facilite el hablar de personas, emociones, roles y organizaciones desde un vértice de observación que en primer lugar explicite la ruptura de tanto paradigmas empresariales (excluyentes y que cristalizan las organizaciones) y a la vez ilumine la epifanía de nuevos y mas potentes axiomas. Podremos así visualizar con perspicuidad analítica el desplegarse de un nuevo escenario donde acontece y se re-diseñan las circunstancias de la vida empresarial, su fluir y re-inventarse alrededor de su único y más autentico fulcro estratégico: el ser humano.


2. LA ORGANIZACIÓN EN LA MENTE: LA INTELIGENCIA DE LAS EMOCIONES
Nos resulta muy útil este marco inicial, porque a menudo “esto de la inteligencia emocional” parece más bien un tema de marketing, una pequeña estrategia (quizás más bien unas tretas…) de consultor, para vender sus servicios. Hay que ser intelectualmente honesto y reconocer que, a menudo, hablar de emociones es una (hasta cierto punto legítima) operación comercial y que poco contribuye a aportar valor añadido a la empresa-organización (¡cuántos inútiles cursillos sobre emociones!). Estos comportamientos fatalmente acaban restando valor a un tema que al revés es siempre más crucial. Por eso, aseveramos que no se trata de un moda (también si se puede banalizar y convertirse en ella), sino de una respuesta inteligente y fructífera frente a escenarios en rápida evolución.
Entonces: la experiencia emocional es (queremos subrayarlo con decisión una y otra vez) una extraordinaria fuente de inteligencia para las empresas como capacidad de generar un tiempo, un espacio y un modus operandi para pensar y desencadenar desarrollo y lograr las metas empresariales; una cometa luminosa y policroma, que se eleva en el cielo de la vida de toda empresa, que quiera alimentar su futuro.
Empezamos a argumentar nuestra tesis aseverando algo aparentemente obvio y en realidad poco explorado en sus más auténticas significaciones y prácticas: toda organización es sobre todo un espacio social y, por consiguiente, emocional, “a chambermade music”, utilizando las palabras de J.Joyce. Son las personas que, interactuando entre ellas, configuran este espacio emocional por la evidente razón que los seres humanos somos seres emocionales y todos los seres humanos vivimos, escenificamos y explicitamos consciente e inconscientemente nuestra vida emocional también trabajando: ansiedades, miedos y envidias, pero también felicidad, amor y gratitud. Una constelación de emociones que inevitablemente o afortunadamente, determina forma y contenido del complejo entramado de las relaciones interpersonales y su intrínseca calidad. La vida de la organización fluye así siguiendo las ondas sísmicas no necesariamente destructivas, al revés a menudo una inagotable fuente de energía y futuro de las emociones lato sensu por que éstas son consustanciales, es oportuno repetirlo, a toda experiencia humana. Toda empresa así, junto a sus balances, cuentas de resultados, diagramas de ventas y comités de dirección, elabora unas señas de identidad que se derivan de su mundo emocional, de la particular chambermade music que se toca y escucha en su territorio y que, siguiendo el imprescindible legado de W.Bion, podemos definir como “la organización en la mente” de esa específica organización. La organización en la mente configura y plasma fantasías y esperanzas, pero también muy tangibles hábitos y comportamiento individuales y grupales que suelen cristalizarse en una cultura de base de la organización, su way-of-life, sus creencias de base y también sus estilos en el ejercicio de la función directiva en términos de poder y autoridad; se definen así estructuras funcionales al fluir de la vida de la organización o al revés estructuras inhibidoras y disfuncionales. Por consiguiente, la posibilidad de hacer hablar, escuchar e interpretar los procesos emocionales que subyacen a la vida de la organización, a su teatro interior, nos ofrece la posibilidad de identificar esta vida emocional como una extraordinaria y áurea fuente de inteligencia organizacional, en el sentido etimológico de la palabra, intus-legere, leer “dentro”, por debajo de la superficie, de lo obvio, de lo contingente y situacional, del fragmento y de los falsos mitos de la híperracionalidad. Podemos así pensar “lo no pensado”, explorarlo y trasformarlo en propósito, plasticidad y dinamismo mental, concreción operativa. “Una vela que… no sólo alumbra a su alrededor, sino a sí misma” (Osho). En otras palabras, la inteligencia de las emociones se convierte en una lente privilegiada y muy especializada para entender “lo que acontece” en un espacio organizacional concreto y, si necesario, transformarlo buscando las mejoras necesarias y nuevas rentabilidades.

3. VISLUMBRANDO EL FUTURO: “PENSAMIENTO QUE CALCULA Y PENSAMIENTO QUE PIENSA”
Hay un pensamiento que calcula y un pensamiento que piensa (U. Galimberti). El pensamiento que calcula es un pensamiento cerrado, que busca objetivizar para utilizar, manipular y poseer. Ofrece una fácil confianza y seguridad, ofrece la respuesta que consuela y satisface, magnifica la tarea con independencia del significado. Ignora y desprecia la vida emocional que per se es una inagotable manantial de inteligencia, como argumentado. Ahora bien, intentamos, por una vez, ahuyentar el presuntuoso pensamiento que sólo calcula, e intentamos abrirnos a una nueva y más fecunda perspectiva.
No es una moda, ¡es una acuciante necesidad empresarial! Einstein decía que, “hay tanta gente a quien le gusta cortar leña. En esta actividad enseguida se ven los resultados”. Es verdad: estamos hechos para cortar leña, pero sobre todo para “sentir” y pensar. “Sentir” y pensar no para llenarnos de contenidos, sino para dar y ganar espacios de autonomía y responsabilidad que nos permitan hacer frente a los nuevos retos que plantean los actuales escenarios económicos y sociales. A saber, una perspectiva nueva que organiza toda la experiencia, genera autonomía y vínculos fecundos. Y crea las condiciones para que el talento de la persona, como sujeto plural, despliegue sus alas y logre nuevas metas empresariales.
Guglielmo Fiorillo

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